Socialismo Internacional


Periódico de la Organización Socialista Internacional

¡Huelga General Victoriosa!

por Rubie M. Alicea Martínez

Contrario a lo que han señalado algunos, la Huelga General de los días 7 y 8 de julio fue un rotundo éxito. Una vez más la clase trabajadora mostró la fuerza real que tiene al actuar conjuntamente. Aun desde el día anterior a la Huelga General ya era evidente el éxito que ésta iba a tener. Tan sólo ante el anuncio un día antes de la huelga por parte de los trabajadores de que harían cerrar Plaza las Américas, los dueños de los centros comerciales anunciaban que no abrirían sus puertas. Igualmente el Banco Popular, restaurantes como Ponderosa, las líneas aéreas y las líneas de cruzeros anunciaron que cerrarían durante la huelga. La paralización del puerto durante la Huelga General fue rotunda.

Los jerarcas de la Universidad de Puerto Rico, al enterarse de que aún siendo verano tanto estudiantes como profesores y trabajadores de la Universidad irían a cerrar la Universidad, anunciaron un cierre patronal por segunda vez en un mismo año tratando de minimizar así los logros de la huelga. A pesar del cierre patronal fueron los trabajadores y los estudiantes quienes verdaderamente decidieron quienes entraban o no a la Universidad esos días.

En fin, a un día de la Huelga General las estaciones de radio estaban inundadas con anuncios de centros comerciales, restaurantes, farmacias, universidades, bancos, etc. que no iban a abrir durante la Huelga. La fuerza con la que venía la Huelga constituyó en si mismo un verdadero éxito.

La Huelga General comienza con la paralización del aereopuerto. Aunque el gobierno tratará de minimizar lo que allí sucedió, las imágenes hablaban por sí mismas. El aereopuerto estaba virtualmente vacío. Aunque se argumentó que fueron pocos los vuelos que se detuvieron por razón de la Huelga, hay que señalar que los vuelos que salían iban vacíos. Así que la retórica del gobierno se basaba en números sin contenido.

Los incidentes ocurridos el primer día de la Huelga General en la Ave. Baldorioty jamás deben ser olvidados. Miles de trabajadores y trabajadoras tomaron la avenida y la cerraron por más de 6 horas. La policía estaba dispuesta a hacer una masacre en el lugar. Los comandantes de área, con una postura militarista, ya habían dado 15 minutos a los manifestantes para irse o de lo contrario les lanzarían gases lacrimógenos. Además, ya la policía había llevado grúas al lugar para remover los vehículos de los manifestantes que estaban detenidos en medio de la avenida. Si bien la policía estaba dispuesta a dar esta batalla, así también estaban dispuestos los obreros a dar batalla. Los trabajadores habían aprendido la lección debido a la forma violenta con la que la policía había estado arremetiendo contra los manifestantes durante los primeros días de la Huelga del Pueblo. La policía había golpeado salvajemente a manifestantes que estaban sentados en el piso pacíficamente y hasta a la prensa.

Así que los trabajadores fueron al aeropuerto armados de bates y palos, no para agredir, sino para defenderse de las agresiones injustas de la fuerza policial y para defender su derecho a manifestarse libremente. Porque hemos llegado al momento en que tenemos que defender los más básicos de los derechos democráticos con uñas y dientes.

Pedro Toledo, no por bueno, sino por listo, se presentó al lugar para evitar que los comandantes de área dieran la orden para lanzar los gases y enfrentarse a los huelgistas. Toledo sabía que los trabajadores estaban dispuestos a dar la batalla hasta el final, y que el costo político que hubiera implicado esa confrontación hubiera sido nefasto para el gobierno al cual él representa. Claro, es más fácil golpear salvajemente a un grupo indefenso sentado frente a un portón que a miles de trabajadores y trabajadoras armados con palos y en actitud combativa.

Ese mismo día frente al Departamento de Educación los huelgistas fueron con escudos de madera para defenderse de los macanazos de la policía. Es que el pueblo sabiamente se ha organizado para frenar los abusos de la policía.

A pesar de la cobertura de algunos medios noticiosos, en donde se habla del comportamiento de la policía durante los dos días de Huelga General como uno 'mesurado', la realidad es que hubo compañeros y compañeras huelgistas hospitalizados debido las agresiones policiacas. Tal es el caso del compañero de lucha Luis Angel Torres, que recibió fuertes golpes y macanazos en el pecho frente al Departamento de Educación. Tales golpes le produjeron problemas cardiacos y tuvo que permanecer varios días hospitalizado. En Caguas, ese mismo día, una huelgista fue herida de gravedad en la cabeza. Todo esto a pesar de que ningún policía fue agredido ese día. Así que si esos son los comportamientos 'mesurados' de la policía, no quisieramos ver el resto.

La conciencia y confianza que ha ganado la clase trabajadora al sentir su fuerza colectiva en el proceso de esta lucha es una que ya jamás olvidarán. Ha sido impresionante ver la voluntad con la que se reintegraban a los piquetes compañeros y compañeras heridos por la policía tan pronto salían del hospital. Volvían a los piquetes hasta con yesos y bendajes en la cabeza. Así de grande ha sido la voluntad del pueblo trabajador en dar esta lucha. Ni las impresionantes imágenes que todos vimos por televisión, ni los constantes ataques y vilificaciones de la huelga mediante anuncios pagados por el gobierno, bastaron para intimidar a este pueblo.

Durante los dos días de Huelga General decenas de miles de personas se lanzaron a las calles. En los piquetes la asistencia era masiva. El ánimo de los manifestantes era contagioso. La gran fuerza de la clase trabajadora se hizo visible y al gobierno-patrono no le quedó mas que retórica. El estado quedó semiparalizado mientras miles de trabajadores y trabajadoras reclamaban el control de la sociedad.

La Huelga del Pueblo

Líderes obreros desperdician una gran oportunidad.

Los logros alcanzados por la Huelga del Pueblo son históricos, como pocos movimientos organizados en Puerto Rico han podido lograr en décadas. Desde su comienzo se vió el apoyo de muchos sectores: tanto amas de casa, estudiantes, profesores, desempleados -que abundan mucho hoy día gracias a la privatización- así como miembros de otras uniones como la UIAAA, la UTIER y la Federación de Maestros, sectores religiosos y hasta familias enteras dándose cita en los portones y piquetes junto a los telefónicos para democratizar las acciones de un gobierno dictatorial y enfrentar su política de represión e intimidación.

El ataque a los empleos que ha generado la política de privatización y el alto desempleo que ha provocado dicha política (no importa lo que digan las estadísticas oficialistas), indudablemente afectará a los más pobres. Así también el despido de cientos de empleados cada vez que cierran o venden un hospital, el cierre de fábricas y escuelas, y el ataque a la educación pública, todo esto, ha hecho inminente una reconsideración por parte de muchos trabajadores de su relación con los partidos políticos.

La presente lucha se ha caracterizado por cruzar las líneas ideológicas en cuanto al status o los partidos políticos y se ha convertido en una verdadera lucha de clases. En las líneas de piquetes se encontraban personas que habían votado por el gobernador en las últimas elecciones. Pero éstas personas, al pertenecer en su mayoría a la clase laboral han visto perjudicados sus intereses por culpa de los intereses capitalistas del gobierno y su política de privatización. Miles de trabajadores han descubierto que es más importante defender sus intereses de clase activamente en las calles que depender de los partidos de los ricos. Muchos otros no han llegado todavía a esa conclusión pero ciertamente se han radicalizado.

Ya no es fácil hacerle creer a la clase trabajadora el discurso vacío de que lo que es bueno para Puerto Rico (que la clase dominante identifica con la privatización en este caso) es bueno para todos. Tampoco es creíble el discurso de que todos los puertorriqueños tenemos los mismos intereses. Lo que se ha hecho claro es que los ricos tienen unos intereses y los trabajadores otros. Que los intereses de Richard Carrión, de Rosselló y de Toledo, no importa cuán puertorriqueños sean, están opuestos a los intereses de la clase obrera.

De modo que la Huelga del Pueblo fue un movimiento político de la clase trabajadora para enfrentar una política de la clase patronal. Fue una huelga política que aglomeró a sectores de la clase obrera que normalmente actuan separadamente. Esta extraordinaria situación atemorizó al gobierno grandemente pero también atemorizó a algunos dirigentes sindicales.

Desde el principio sectores en el Comité Ejecutivo del CAOS resistieron el irse a la huelga. Fue tanta la presión de las bases que esos dirigentes fueron arrastrados y tuvieron que asumir la dirección de la huelga. Pero a la primera oportunidad abandonaron la lucha.

En julio 9, los dirigentes de las uniones telefónicas, la UIET y la HIETEL, anunciaron que los trabajadores telefónicos entrarían prontamente a trabajar. Inmediatamente los piquetes masivos desaparecienron. Comenzaron negociaciones que se olvidaban de la demanda de "No Venta" y en su lugar estipulaban las condiciones que el patrono impondría para el regreso a trabajar. Es decir, abandonaron la huelga política para convertirla en una huelga puramente laboral. Peor aun, demostraron estar dispuestos a permitirle al patrono que sancionara disciplinariamente a los huelguistas.

Todo esto enfureció muchisimo a los trabajadores. Muchos telefónicos no estaban dispuestos a entrar si eso significaba aceptar medidas disciplinarias. Cuando se hizo claro que los líderes no intentarían detener la venta de la compañía telefónica el sentimiento de confianza ganado durante la huelga general se tornó en uno de derrota y desmoralización.

Estos eventos no tenían que haber sucedido de esta manera. Es claro que una huelga general de dos días no era suficiente para detener la venta de la telefónica. Muchos trabajadores estaban dispuestos a continuar la lucha pero sin el apoyo de sus sindicatos no tenían un vehículo para convertir su deseo de lucha en acciones concretas.

Los ataques de Rosselló no van a detenerse. Las privatizaciones continuarán en Energía Eléctrica, Acueductos y Alcantarillados y en la Universidad de Puerto Rico, lo que significa que habrán nuevas luchas. Los trabajadores deben organizarse desde abajo de modo que puedan llevar la lucha hasta el final, aun si los dirigente se entregan. En los sindicatos los trabajadores pueden formar comités de base que se aseguren que los procesos internos en las uniones sean transparentes y, más importante aun, que puedan forzar a los líderes a luchar o de lo contrario que puedan removerlos. Con organizaciónes de base los trabajadores tendrán mayores oportunidad de ganar la próxima vez. La Huega del Pueblo ejemplificó el tipo de actividades masivas que pueden derrotar la política privatizadora.

Rebelión en Indonesia derroca a un dictador.

por Luis Díaz Feliciano
Suharto y los E. U.

El general Suharto de Indonesia estuvo durante 32 años en el poder. Su dictadura se caracterizó por la tortura, el encarcelamiento y el asesinato político, es decir, por sus métodos represivos para mantenerse en la presidencia. A principios de este año nadie imaginaba que Suharto sería forzado a renunciar por un movimiento de miles de trabajadores y estudiantes. El poder del dictador fue destruido por una fuerza mayor, el poder colectivo de la gente común y corriente.

Indonesia es un conjunto de islas localizadas en el sur del Pacífico y es el cuarto país más poblado del mundo. En el 1962 Indonesia consiguió su independencia de Holanda. Sukarno, uno de los líderes del movimiento, se convirtió en Presidente de la República. En 1965 una facción nacionalista del ejército intentó ejecutar un Golpe de Estado pero los derechistas encabezados por Suharto se lo impiden. Suharto dirige un contra golpe y destituye a Sukarno de la presidencia, a la vez que acusa a los comunistas de haber sido responsables del intento de golpe. En esos años era común utilizar el pretexto del “Peligro Comunista” para que los Estados Unidos y otras potencias occidentales impusieran su dominio sometiendo a los países del llamado Tercer Mundo. Indonesia no fue la excepción.

La participación de los Estados Unidos fue central para que Suharto impusiera su dictadura. Cuando Suharto comienza a perseguir a sus opositores políticos, la embajada de los Estados Unidos le entregó una lista de 5,000 miembros del Partido Comunista (PKI) que prontamente fueron asesinados. Según Anmistia Internacional en el golpe de estado fueron asesinadas más de un millón de personas.

El país se abrió a la inversión extranjera especialmente en la exportación de petróleo y cobre. Las multinacionales de Estados Unidos hicieron grandes ganancias produciendo bienes con trabajadores a quienes les tomaría meses de sueldo obtener los productos que ellos mismos producían. Un ejemplo de esto lo es la firma deportiva NIKE cuyos empleados de Indonesia ganan menos de un dólar al día y producen zapatos deportivos que son vendidos por más de 150 dólares. Con el tiempo los lazos económicos entre ambos países han seguido fortaleciéndose de modo que para el 1997 las inversiones norteamericanas sumaron nueve billones de dólares.

Si bien es cierto que Indonesia ha experimentado un gran desarrollo económico, también lo es el hecho de que las riquezas han sido distribuidas entre la familia Suharto y sus amigotes. El periodista William Grieder ha señalado que las primeras 10 compañías del país controlan el 35% del producto nacional y que en su mayoría son manejadas por Suharto y compañía. El año pasado la revista Forbes ubicó al sanguinario dictador como el sexto hombre más rico del mundo con una fortuna de $16 billones, mientras que sus seis hijos poseen alrededor de $14 billones entre todos.

Genocidio

En 1975 Indonesia invadió la isla de Timor del Este, una ex-colonia portuguesa que recién había conseguido su independencia. Desde ese año al presente el ejercito de Indonesia ha asesinado a la tercera parte de la población de Timor del Este (más de 200,000 personas). Washington ha apoyado este genocidio durante las últimas dos décadas. El día anterior a la invasión Suharto se reunió con el presidente Gerard Ford y el Secretario de Estado Henry Kissinger en Jakarta para pedir el visto bueno para la operación. Dos mil seiscientos oficiales indonesios se entrenaron en el programa IMET (Educación y Entrenamiento Militar Internacional) que entre sus cursos enseña tácticas de tortura. Según el Departamento de Estado, el 90% de las armas utilizadas en la invasión fueron compradas a las compañías norteamericanas Mc Donnell, Douglas, Rockwell y Textron.

En 1992, meses después de una masacre de 270 civiles en Dili, Timor del Este, el Congreso de los Estados Unidos votó para que se eliminara a Indonesia del programa IMET. Sin embargo el Pentágono incluyó a Indonesia en la Junta Combinada para el Intercambio de Entrenamiento (JCET). Este programa ofrece cursos tales como: técnicas de tiro para francotiradores, operaciones militares en terreno urbano y Close Quarter Combat. Pero al recibir la oposición de activistas de derechos humanos, el Departamento de Defensa se vió forzado a excluir a las tropas de Indonesia del programa JCET. Para contrarrestar esa victoria, el presidente Clinton envió un préstamo de un billón de dólares a Indonesia especificando que para ello no requerían de ninguna condición en cuanto al respeto a los derechos humanos.

En 1995 Suharto fue recibido con alfombra roja en Casa Blanca. Refiriéndose al dictador, un oficial de la administración Clinton dijo: “es uno de los nuestros”. Sin embargo, en 1996 el Presidente se negó a reunirse con los recipientes del Premio Nobel de la Paz, José Ramos Orta y el obispo Carlos Filipe Belo, líderes de la lucha contra el genocidio en Timor del Este. Esto se debió en parte a que en 1996 se realizarían las elecciones presidenciales. Ese año el Partido Demócrata recibió una generosa contribución económica de parte del Consorcio Lippo Group, ligado al general Suharto. Este año el Congreso aprobó un acta que evitaría el uso de armas norteamericanas en Timor del Este. Pero no hay forma de hacer cumplir esa medida, pues el acta también reconoce el “derecho inherente de Indonesia para su autodefensa”. Este es el mismo pretexto que utilizan las autoridades indonesas para reprimir violentamente todo tipo de manifestaciones en Timor del Este.

La clase trabajadora

Al conquistar el poder, Suharto prohibió toda actividad de oposición política incluyendo las uniones independientes, las organizaciones estudiantiles y los partidos políticos. Su régimen encarceló, torturó, asesinó y desapareció a todo aquel ligado a la izquierda. Este alto nivel de represión permitió por muchos años la estabilidad del gobierno de Suharto .

Pero el desarrollo industrial significó el crecimiento de una clase trabajadora que a partir de los años ha ido desarrollando su capacidad de lucha. A principios de la década de los 90 muchos conflictos laborales fueron reportados a través del país. Hubo marchas masivas protestando contra la prohibición a los sindicatos independientes. En 1993 una ola de huelga arropó al país como consecuencia del asesinato de una joven en una manifestación. En 1994 miles participaron en una huelga general en Medan demandando la creación de sindicatos independientes. En 1995 una joven trabajadora de textil de 23 años, Dita Sari, dirige la lucha para fundar el Centro Indonesio para la Lucha Obrera (PPBI), sindicato independiente que el estado se niega a reconocer. Así que las luchas recientes no surgieron de la nada. El desarrollo de la clase trabajadora ha sido determinante para el posterior derrocamiento de Suharto.

La acción masiva de la gente común es el elemento más importante de esta rebelión. Sin haber un liderato u organización que guiara el descontento de las masas, las primeras manifestaciones surgieron espontáneamente a fines del año pasado. El 14 de noviembre miembros de las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra un grupo de estudiantes desarmados en la Universidad de Timor del Este. Al menos 8 fueron heridos de bala. Los estudiantes fueron recluidos en un hospital militar en donde fueron posteriormente torturados, según informes.

Las protestas que claramente exigían la renuncia de Suharto se fueron multiplicando. De un campus a otro los estudiantes comenzaron a inspirar a los trabajadores. La solidaridad obrero-estudiantil se hizo tan fuerte que el gobierno trató de evitar que las manifestaciones de los estudiantes salieran de los campuses.

Crisis económica

Desde finales del año pasado una crisis económica afectaba a Indonesia. En sólo 6 meses 16 millones de trabajadores quedaron desempleados, es decir, una décima parte de la población y el 15% de la fuerza laboral. Para evitar que la crisis afectara la economía de otros paises el Fondo Monetario Internacional (FMI) ofreció un prestamo de $40 billones a cambio de que se redujeran los niveles de vida de los ya empobrecidos trabajadores indonesios. Los precios de los productos como la leche, el arroz y el aceite para cocinar subieron entre un 50 y un 200% desde inicios de este año. Tan desesperante ha sido la situación que se han reportado casos de familias que han tenido que comer de las cortezas de los árboles para sobrevivir! A principios de mayo, Suharto anunció un alza en los precios de la energía eléctrica y el gas. La reacción popular fue inmediata. Por toda Indonesia estallaron motines en contra de los símbolos del poder de los Suharto y sus amigos. En el más conocido de estos incidentes manifestantes destrozaron sucursales del Banco Central de Asia, propiedad de Suharto y Lim Sioe Liong (el hombre más rico del país) y luego quemaron la casa de Jakarta de éste último junto con 5 de sus carros lujosos. Pero la mayoría de los motines se realizaron en contra de almacenes de comida y edificios de gobierno.

La rebelión forzó la renuncia del dictador Suharto. Esto representa una victoria monumental para miles de trabajadores y trabajadoras que se radicalizaron en el proceso. Pero el pasado vicepresidente, Habibie (ahora presidente), y los mismos militares que han cometido crueles atrocidades continúan en el poder. Algunos estan pidiendo la renuncia de Habibie pero éste ha ofrecido reformas con la esperanza de lograr mantenerse el poder. Habibie ha liberado algunos presos políticos y ha prometido levantar la prohibición a las uniones independientes. También ha prometido elecciones pero alega que no se pueden realizar hasta 1999. Y las demandas para que se celebre un referendum sobre la independencia de Timor del Este están siendo resistidas por el nuevo gobierno.

La lucha en Indonesia probablemente continuará. El desempleo ha seguido en aumento y existe escases de comida. Los patronos continuarán tratando de pasarle el costo de la crisis a los trabajadores. Pero la clase trabajadora conoce mejor su poder colectivo y tiene más experiencia. Construyendo nuevas organizaciones sentarán las bases de las nuevas luchas futuras.

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