Esta es una huelga que se puede ganar y que se debe ganar si la lucha se conduce correctamente. Hay que organizar la solidaridad de todos los sectores opuestos a la privatización para que se unan en los piquetes y ayuden a defenderlos de los brutales ataques de la policía. Y sobre todo hay que detener la producción impidiendo la entrada de gerenciales, contratistas, agentes de seguridad y cualquier otro tipo de rompehuelgas.
La huelga para detener la venta de la Telefónica no es como una huelga para obtener un convenio colectivo. Esta es una huelga política, una huelga de la clase obrera en su conjunto. Por esta razón se le ha llamado “Huelga del Pueblo”. Pero cuando decimos que esta es una huelga del pueblo, se debe entender que es del pueblo trabajador, incluyendo a amas de casa, desempleados, confinados y a estudiantes de origen obrero. A quien no incluye esta huelga es a Richard Carrión o a la Asociación de Industriales o a la Cámara de Comercio de Puerto Rico, quienes por su posición de clase estan todos a favor de la privatización.
La lucha contra la política de privatización no ha sido siempre conducida como una lucha política de la clase trabajadora toda. Durante el Paro Nacional del 1ro de octubre pasado, la oposición a la venta de la Telefónica cobró un valor simbolico más amplio, representando la lucha contra la privatización de todos los servicios públicos. Es decir, fue conducida como una lucha política en defensa del interés de la clase trabajadora en general. Pero en otros casos, como en muchos hospitales, la lucha ha sido por lugar de trabajo, es decir, se han mobilizado solo aquellos trabajadores y trabajadoras que estan bajo ataque inmediato.
Las luchas seccionales o divididas por lugar de trabajo se han concentrado en evitar la perdida de empleos que acompaña a la privatización. Son luchas principalmente de carácter económico que incluyen tan solo a una sección de la clase trabajadora. Cuando los empleados del Hospital de Fajardo se mobilizaron para oponerse al cierre estaban luchando por mantener sus empleos. Esa lucha económica es muy importante, pero no es suficiente para detener la política de privatización. El caso de los hospitales lo demuestra. El gobierno ha ido privatizando los hospitales uno a uno, enfretandose con pequeños grupos de trabajadores y trabajadoras a la vez. La situación pudo haber sido muy diferente si todos los empleados de hospitales se hubienran ido a la huelga simultaneamente.
La actual huelga busca unir a la clase trabajadora en una lucha para derrotar la política de privatización, política que la mayoría de la población rechaza pero unos pocos privilegiados defienden a muerte. Por esto es de vital importancia que otros grupos de trabajadores se vayan a la huelga siguiendo el ejemplo de los telefónicos. Ya está pautada una Asamblea de Delegados del Comité Amplio de Organizaciones Sindicales (CAOS) para el día 28 de junio en donde se discutirá la posibilidad de una huelga general. Ya hay uniones que tienen su voto de huelga aprobado. Lo que falta es que las bases de las uniones presionen a sus líderes para que se vayan a la huelga.
Lamentablemente en la mayoría de las uniones existe una diferencia de intereses entre las bases obreras que componen la unión o sindicato y los líderes que las dirigen y que en muchos casos son verdaderos burócratas. A menudo las y los burócratas contienen o limitan la militancia de las bases para no poner en peligro sus propias posiciones privilegiadas. A diferencia de las bases, los burocratas amenudo cultivan relaciones con políticos y empresarios y en algunos casos tienen sueldos de ejecutivos. Por esto a veces los dirigentes sindicales traicionan los intereses de los y las trabajadoras.
En la actual huelga la dinámica no es diferente. Los empleados telefónicos tienen que estar vigilantes y alertas para que sus líderes cumplan todos los acuerdos y para que impartan instrucciones que contribuyan al exito de esta lucha. No se trata de preferir a unos líderes sobre otros. Se trata de llevar la lucha desde abajo para que represente los verdaderos intereses de la matricula unionada. Las y los empleados deben formar comités de huelga por lugar de trabajo para asegurarse que la huelga se conduce según lo estipulado.
La clase trabajadora no puede contar con nadie para que gane esta lucha. El gobierno de Roselló esta decidido a rajar cabezas para defender los intereses de los ricos. Los políticos de oposición dan discursos de solidaridad pero ninguno tiene que enfrentarse a la policía. Sólo la militancia en los piquetes, unida a la solidaridad de amplios sectores obreros, puede ganar la batalla contra la venta.
La participación masiva de apoyo a los piquete junto a las contribuciones económicas son elementos centrales para ganar. La huelga general ampliaría la dimención política de la lucha y contribuiría grandemente a su exito. Pero el aspecto más medular para la victoria lo representa la lucha desde abajo, que las bases obreras no dejen a nadie descarrilar su lucha, que nadie hable en su nombre a menos que realmente represente su opinión, que sean los propios obreros y obreras los que decidan el curso de la huelga.
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