Diciembre de 2000, Año 4, Núm. 25

Miles de trabajador@s votaron por el PPD para terminar con el odiado gobierno de Pedro Rosselló. Con ese voto rechazaron los estilos autoritarios, arrogantes y antidemocráticos. Rechazaron la corrupción y las políticas antiobreras y neoliberales como la privatización de los servicios públicos.
Piensan que el PPD es una alternativa preferible al PNP o al menos que representa el menor de los males. Pero esto es un error. El PPD es un partido de los ricos, comprometido con mantener el sistema capitalista en buen estado, lo que significa necesariamente mantener a la clase trabajadora empobrecida y controlada.
Aunque existen diferencias reales entre el PNP y el PPD, estos partidos son fundamentalmente iguales pues representan los intereses de una misma clase social.
Es cierto que el PNP robó con descaro pocas veces superado; que gobernó contra la voluntad de la mayoría en los casos de la política de privatización y de Vieques; que alteró las leyes para hacer su voluntad contra el dictamen de las cortes y que actuó varias veces contra la Constitución. Pero precisamente por esas acciones miles de personas salieron a las calles en pie de lucha y eventualmente contribuyeron a la derrota electoral del PNP. Partido populista
El PPD por el contrario es un partido populista, que cuida de tener un estilo más diplomático y una apariencia de democracia. Puede por tanto ser un enemigo muy formidable pues tiene la abilidad de simpatizar con las causas de la clase trabajadora.
Así muchos trabajadores, sindicatos y organizaciones ponen su fe en el PPD, bajan la guardia y suavizan sus acciones de protesta y mobilización. De esta manera dejan el campo abierto para ser traicionados y ver sus reclamos abandonados por los políticos populistas.
Esto lo saben muy bien los industriales que han recibido al nuevo gobierno con los brazos abiertos. Por eso cuando Sila Calderón habla de “...hacer de la lucha contra la pobreza la primera prioridad de nuestra gestión” los empresarios no temen ver aumentos de salarios o sus ganancias reducidas. Una de los suyos
Por el contrario, los empresarios están muy complacidos de ver una de los suyos en la gobernación. Según Miguel Nazario, ex presidente de la Asociación de Industriales "...ahora podemos decir que tenemos un Comisionado Residente y un Gobierno que trabajará por un fin común, que es rehabilitar a la industria".
Sobre la elección de Sila Calderón a la gobernación, el director ejecutivo de la Asociación de Industriales, William Riefkohl ha dicho:
“A nosotros nos da mucha alegría que haya venido a la gobernación una empresaria. Esto no es algo común y corriente. Ella tiene mucha experiencia como empresaria en las empresas de su familia y sirviendo en juntas de directores, además de su experiencia en el servicio público.”
Es probable que además de beneficiar a los industriales el nuevo gobierno del PPD conceda algunas reformas, pero de forma muy limitada. Aunque debemos exigir que el PPD cumpla sus promesas, debemos estar claros que para lograr alguna reforma más sustancial que meras migajas de pan, la clase trabajadora deberá luchar para forzar al PPD a concederlas.
Si los trabajadores optan por apoyar candidatos populistas, estarán tan sólo en posición de suplicar y verán sus aspiraciones tronchadas una y otra vez. Por tanto, l@s trabajador@s necesitarán organizarse independientemente del PPD y depender de su propia fuerza colectiva para derrotar a los patronos.

La elección de una mujer a la gobernación de Puerto Rico es una importante primicia en la lucha por erradicar la desigualdad entre los géneros. Para algunas personas, una mujer gobernadora hará un mejor trabajo que administraciones anteriores. Otras piensan que esa posición no le corresponde a una mujer.
Durante la campaña electoral, Sila Calderón fue objeto de multiples insultos sexistas. La llamaron "vieja", "fea" y algunos como Carlos Romero continuamente la llamaban "la señora de Adolfo Krans". Más recientemente Pedro Rosselló, se refirió al esposo de Calderón como "el primer damo" mofandose así del papel de Calderón como mujer gobernadora.
Si bien para combatir la opresión de la mujer es necesario lograr igual acceso de la mujer a todas las posiciones sociales, incluyendo las posiciones de poder, la elección de una gobernadora aunque importante no es suficiente para terminar con la opresión de la mujer. Así sucedio también con el voto para la mujer. Aunque un importantisimo logro, el voto no fue suficiente para terminar con el discrimen por género o con la violencia contra la mujer.
La elección de Sila Calderón a la gobernació no va a mejorar la situación de las mujeres ni los hombres de clase trabajadora. Calderón es una empresaria multimillonaria que se beneficia de la explotación de miles de mujeres y hombres. Sus intereses de clase la alejan de la realidad diaria de la gran mayoría de las mujeres.
El caso de Calderón no es único. En 1932, con ayuda del voto restringido de miles de mujeres letradas, María Luisa Arcelay fue electa la primera mujer a la Cámara de Representantes de Puerto Rico. Arcelay era una rica empresaria dueña de varios talleres de la aguja en Mayagüez. La aguja era la industria que más mujeres empleaba en la isla, pero trabajaban en condiciones deplorables por un sueldo de miseria. Trabajaban en talleres de explotación, los famosos 'sweat shops' o en condiciones insalubres llevandose el trabajo a domicilio.
Como Representante a la Cámara, Arcelay no hizo nada para lograr el derecho al voto para las mujeres que no sabían leer y escribir. Fue en 1935 que el socialista Bolivar Pagan presentó un proyecto para conceder el sufragio universal a la mujer.
Arcelay tampoco defendió los salarios de las obreras. Según Yamila Azize, Arcelay "luchó activamente contra el establecimiento del salario mínimo para las mujeres trabajadoras, porque esto amenazaba sus ganancias como dueña de talleres de la aguja". En fin, que su elección no significó una mejor vida para las mujeres y los hombres de clase obrera. Posición de privilegio
Sila Calderón ya ha dado señales de estar en la misma posición de privilegio de Arcelay.
En Vieques el pasado 30 de julio, mientras la Alianza de Mujeres Viequenses celebraba una marcha para denunciar las pésimas condiciones de salud creadas por la Marina, Sila Calderón estaba en Vieques pero realizaba una carabana separada de la actividad de las mujeres. Tampoco participó en la marcha del primero de octubre y nunca cumplió su promesa de participar de los actos de desobediencia civil. Peor aún, el día 5 de mayo, el día después de las remociones en Vieques, Calderón participó junto a Rosselló en la reinauguración de la Corte Federal en San Juan mientras más de 2000 personas piqueteaban en las afueras del histórico edificio donde Pedro Albizu Campos y otros nacionalistas fueron condenados.
Calderón admite ser una admiradora de la archiderechista Margaret Thatcher, quien implementó una dura austeridad y atacó los niveles de vida de la clase trabajadora en Inglaterra durante los años ochenta. Sobre Thatcher, quien es una defensora del general Pinochet, Calderón ha dicho: "Margaret Thatcher se atrevió y lo hizo bien. Las mujeres tienen que entrar en más posiciones de poder para que hagan complemento con el hombre".
Mientras Calderón se ha llenado la boca diciendo que va a combatir la pobreza, con sus acciones ha atacado a algunos de los sectores más pobres. Sus Códigos de Orden Pública han establecido severas multas dirigidas a l@s prostitutas y l@s deambulantes.
Mientras dice ser pro-mujer, está opuesta a uno de los derechos más fundamentales para la mujer, el derecho a escoger sobre su propia reproducción, el aborto.
No se trata de que Calderón no crea en la igualdad para la mujer, pues ella probablemente si cree en la igualdad entre los géneros. Pero como miembro de la clase dominante, su idea de igualdad es la igualdad de la mujer con el hombre de su propia clase social.
Para Calderón esto significa la igualdad de privilegios y de beneficiarse de la explotación de la clase trabajadora. Para las mujeres trabajadoras, la igualdad con el hombre de su propia clase social no es suficiente para librarse de la opresión, pues se trata de ser iguales como explotadas y empobrecidas por el trabajo asalariado.
Además de la igualdad, la mujer de clase trabajadora necesita hacer causa común con el hombre trabajador para terminar con el sistema social que los oprime, sistema
capitalista del que Calderón es
claramente beneficiaria.

Con un 4.4% del voto íntegro y un 5.2% de los votos para la gobernación, la campaña del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) quedó muy por debajo de las expectativas. En 1988 Ruben Berrios obtuvo el 5.5 % de los votos para gobernador y en 1976 el 5.7 porciento.
El PIP no ha logrado aumentos significativos en su apoyo electoral en más de dos décadas, con la excepción del 11% de votos recibidos en Vieques.
La campaña del PIP se basó en la lucha por sacar a la Marina de Vieques a la vez que intentó capturar el sentimiento anticorrupción fuera de lineas partidistas.
En lugar de utilizar la campaña electoral para instar a mayor participación en las mobilizaciones para expulsar a la Marina, el PIP concentró su mensaje en asistir a la urnas. El mensaje de Berríos fue: "Mientras más votos obtenga mi candidatura a la gobernación, más rápido se irá la Marina de Vieques."
En vez de llamar a la desobediencia civil para la marcha de octubre primero, se concentraron en llamar a la "desobediencia electoral" contra el propuesto voto presidencial. Así ayudaron a promover pasividad en el movimiento anti-Marina que en ese momentos estaba activo en las calles.
Por otro lado, el PIP no intentó convencer a los puertorriqueños de la necesidad de la independencia. Tampoco denunció el imperialismo y sus crímenes en Puerto Rico con la excepción de los relacionados a Vieques. Se concentró en lograr votos anti-incumbente dejando la situación colonial de Puerto Rico para otro momento.
Lo más penoso es que el PIP no denunció la situación que enfrenta la clase trabajadora. No criticó la política de privatización, ni los miles de despidos que ha causado. Nada dijeron de los bajos salarios. A penas hablaron tímidamente de un seguro médico universal, pero manteniendo las facilidades médicas privatizadas.
En fin que como el partido capitalista que son, dejaron a la clase trabajadora en la sombra. No debe sorprender a nadie, pues, que no haya aumentado su arraigo entre los desposeidos.

La ironía es inescapable. Los Estados Unidos, el país que pretende dictarle al resto del mundo como se hacen las cosas, y que se autoadjudica el monopolio de decidir lo que es o no democracia, diez días después de sus elecciones presidenciales, todavía no sabía quien iba a ser su próximo presidente. (Valga la pena recalcar que, entre otras barbaridades, es este también el país que ha entrenado por muchos años a miles de militares latinoamericanos, en la infame Escuela de Las Américas, en tácticas de tortura y genocidio que luego han usado sobre sus propias poblaciones, como ocurre actualmente en Colombia.)
La contradicción no ha pasado desapercibida mundialmente. A pesar de que el candidato Demócrata Al Gore recibió la mayoría del voto popular, el candidato Republicano George W. Bush muy probablemente sea declarado el próximo presidente sobre la base del sistema del “Colegio Electoral”. El Colegio Electoral es un anacronismo que data de la época de la Revolución Americana que los míticos “Founding Fathers” usaron para proteger la esclavitud en los estados del sur, y para garantizar que esta decisión no fuera dejada en manos de las “multitudes ignorantes”.
La campaña eleccionaria presidencial fue caracterizada por una falta de entusiasmo por parte de la población hacia los candidatos de los dos partidos políticos principales, el Republicano, y el Demócrata. Todavía a días de la elección había un porcentaje relativamente alto de la población que no encontraba como decidirse por uno de estos candidatos. En última instancia, cerca de la mitad de la población elegible para votar nunca votó. Y es que estos dos partidos son controlados por los ricos del país. Con mucha razón el candidato presidencial por el Partido Verde (“Green Party”), Ralph Nader, decía que en la práctica la diferencia entre Gore y Bush tenía más que ver con la rapidez con que sus rodillas tocaban el piso cuando las grandes corporaciones tocaban a sus puertas. Estos dos partidos se gastaron la friolera de $3 billones en las campañas de esta elección. Y a pesar de que ciertos grupos como uniones y organizaciones minoritarias le dieron dinero a los Demócratas, el grueso de los 3 billones fue aportado a ambos partidos por las gigantes corporaciones (como AT&T, Microsoft, General Motors, etc.).
Durante los últimos ocho años, los Demócratas, que alegan ser el partido de la gente común, han implementado políticas que han sido versiones un poco menos severas que las propulsadas por los Republicanos, quienes no tienen reservas en identificarse abiertamente con los ricos. La garantía de ayuda económica a los pobres (“welfare”) que existió por décadas fue desechada por Clinton. Los derechos de la mujer y de los inmigrantes, las políticas de acción afirmativa, y cosas similares fueron ignorados o atacados por su administración resultando en mayor discriminación y pobreza entre negros y latinos. Las políticas abiertamente descaradas en favor de las corporaciones fueron defendidas nacional e internacionalmente por Clinton y Gore; cosas como el TLC, y las prácticas del Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.
Mientras que durante la década de los noventa cientos de miles de trabajadores americanos fueron despedidos debido a la avaricia corporativa que usaba el eufemismo de “down-sizing”, los ricos se hicieron más obscenamente ricos. Gente como Bill Gates llegó a jactarse de haber acumulado una fortuna de $100 billones, mientras 44 millones de americanos no tenían acceso a servicios médicos, y uno de cada cinco niños vive en la pobreza.
Por eso la campaña patética de Al Gore no logró despertar mucho entusiasmo entre la población. A pesar de que en ocasiones recurrió a retórica populista—y fue en esos momentos en los que logró sacarle ventaja temporera a Bush—la campaña de Gore, sus debates televisados con éste, y sus posiciones generales eran significativas por lo similares que eran a las de los Republicanos. En última instancia, mostrando deses peración, los Demócratas recurrieron a una campaña de miedo tratando de que los simpatizantes de Nader votaran por Gore sobre la premisa de que si Bush ganaba iba a destruir los derechos y logros de diversos sectores de la población—como si los propios Demócratas no hubieran sido cómplices o culpable directos de esta erosión durante las últimas dos décadas.
Por su parte, Ralph Nader, logró el apoyo de miles y miles de activistas que decidieron que ya era hora de ponerle fin al chantaje político usual de los Demócratas en donde el ala más liberal de este partido argumentaba que no había más remedio que votar por ellos, como el menor de los males. Eventualmente, Nader obtuvo más de dos millones de votos a nivel nacional, cosa significativa pues tanto los Demócratas como los Republicanos se aliaron para mantenerlo fuera de los debates televisados.
Nader, quien ha sido por muchas décadas un activista en pro de los derechos de consumidores y trabajadores, decidió hacer una alianza con los Verdes y correr para presidente sobre la base de una plataforma progresista que defendía cosas como: plan de salud universal para todo el pueblo, salario mínimo de $10, abolición de la pena de muerte, abolición de la ley anti-obrera Taft-Harley, limitar el control corporativo sobre el costo de las campañas políticas, etc. Durante su campaña reunió frecuentemente a multitudes de más de 10 mil personas en estadios deportivos. Muchas de estas personas eran gente joven cansada de los ocho años de promesas rotas de los Demócratas, muchos que se identificaban con las protestas de Seattle del año pasado en contra de la globalización y la avaricia corporativa.
Más importante aun, éstos estaban de acuerdo con Nader, cuando él mismo reconoció que sabía que no iba a ganar estas elecciones, pero que su campaña podía comenzar a sentar las bases para el desarrollo de un nuevo movimiento político que pueda eventualmente desafiar tanto a los Demócratas y a los Republicanos en defensa de los derechos de los trabajadores y los oprimidos.

por Andy Durgan
Hace sesenta años León Trotski fue asesinado en México por Ramón Mercader, agente de Stalin y miembro del PSUC. Trotski fue uno de los marxistas revolucionarios más destacados del siglo XX, y su vida y obras están llenas de lecciones para todo aquel que quiera luchar por un mundo mejor. ¿Quién era Trotski?
Trotski nació en 1879 y se hizo marxista cuando tenía 18 años. Hasta 1917 defendió una postura a medio camino entre los mencheviques y los bolcheviques. Durante la revolución de 1905, Trotski, que por aquel entonces tenía 26 años, fue elegido presidente del soviet de San Petersburgo.
Durante el exilio se ganó una buena reputación como brillante periodista y polemista revolucionario, ganándose el apodo de “la pluma”.
La revolución de febrero de 1917 le permitió volver a Rusia y unirse a los bolcheviques. En octubre, como jefe del Comité Militar Revolucionario de Petrogrado, fue el principal organizador de la insurrección.
Después de la victoria bolchevique, fue, junto a Lenin, líder del primer estado socialista del mundo y de la nueva Internacional Comunista. Como Comisario de Guerra, Trotski organizó el Ejército Rojo, con el que finalmente venció a los ejércitos imperialistas invasores y a sus aliados, los Blancos, en la Guerra Civil de 1918-1921.
Con el aislamiento y la consecuente degeneración de la revolución rusa, Trotski se convirtió en el principal oponente de la emergente burocracia estalinista, y fundó la Oposición de Izquierdas en 1923.
En 1927 fue expulsado del Partido Comunista Ruso y en 1929 de la URSS. Durante los once años siguientes, Trotski dedicó su vida a defender los ideales de la revolución de Octubre y a la organización de sus perseguidos simpatizantes por todo el mundo.
Al mismo tiempo que masacraba a los viejos bolcheviques, la burocracia estalinista montó una gran campaña difamatoria en contra de la oposición, acusándoles de ser agentes nazis, lo que culminó con el asesinato de Trotski el 20 de
agosto de 1940.
A principios del siglo XX, muchos marxistas creían que el socialismo sólo llegaría en aquellas sociedades que previamente hubieran pasado por una etapa de desarrollo capitalista.
Este fue el caso particular de Rusia, donde, en realidad, el capitalismo sólo se había desarrollado en unas zonas concretas del imperio zarista. La revolución de 1905 demostró, al menos a los bolcheviques y a Trotski, que la burguesía rusa era incapaz de imponer un sistema democrático en lugar del desacreditado régimen zarista.
Trotski defendió la idea de que, con el desarrollo del capitalismo a escala mundial, la burguesía ya no podría jugar más el papel revolucionario que había tenido en el pasado. El campesinado tampoco podía jugar este rol, ni hacer realidad sus aspiraciones que, como el propio Marx ya había explicado, se limitaban a la obtención de más tierras.
En cambio, y en esto todos los marxistas estuvieron de acuerdo, la clase trabajadora, que necesitaba actuar colectivamente en contra del capitalismo, era la única clase que podía liderar un cambio revolucionario.
Este fue también el caso de países atrasados como Rusia, donde el proletariado era una minoría, pero que podía guiar a los campesinos en su lucha contra la autocracia zarista y contra los terratenientes.
La idea central de la posición de Trotski era el contexto internacional en el que se desarrollaría cualquier revolución. La revolución socialista, en vez de empezar en los países capitalistas más avanzados, como muchos marxistas siempre habían creído, podía empezar en uno de los más atrasados, en “el eslabón más débil de la cadena”. A pesar de que en estos países la clase trabajadora era pequeña, era la mayoría en los países más avanzados, y el hecho de tomar el poder en un lugar serviría de ejemplo para otros movimientos revolucionarios de cualquier otra parte del mundo.
La extensión de la revolución a escala internacional era, y siempre ha sido, un requisito esencial para el establecimiento del socialismo.
La revolución de 1917 confirmó su análisis. Los posteriores intentos fallidos para establecer el socialismo sin la intervención de la clase trabajadora, especialmente en los países del llamado “tercer mundo”, demuestran que la teoría de Trotski es indispensable para toda persona que desee entender la naturaleza de estos procesos.
La derecha, y gran parte de la izquierda, siempre ha presentado el ejemplo de la revolución rusa para demostrar que, inevitablemente, todas las revoluciones terminan en una dictadura.
Trotski iba a dedicar gran parte de su vida política a defender las ideas genuinas de la revolución de octubre, la democracia de los trabajadores y el internacionalismo.
El estalinismo tiene sus orígenes en el aislamiento de la URSS y en la idea de que el socialismo puede establecerse en un solo país.
En cambio, Lenin y los bolcheviques siempre dijeron que si no conseguían extender la revolución el nuevo estado socialista estaba perdido. Y esto no era un simple debate académico. La situación revolucionaria que se vivía primero en Europa, especialmente en Alemania, y entre 1925 y 1927 en China, demostraba que había grandes posibilidades de extender la revolución.
Trotski era uno de los principales defensores de una estrategia que guiara a los trabajadores de otros países hasta la victoria. Sin embargo, la gran devastación provocada por la Guerra Civil y la aparente desaparición de la clase trabajadora rusa llevó al Partido Comunista a substituirse por los soviets (consejos de trabajadores, soldados y campesinos) como la base real del nuevo estado.
Sin la democracia de los trabajadores, bajo el aislamiento de los demás países y con la economía totalmente devastada, el partido comunista empezó a estar cada vez más burocratizado.
En los años treinta, la URSS ya se había convertido en un monstruoso país dictatorial, en el que no sólo habían sido asesinados los enemigos de Stalin, sino también los que le apoyaban, además de millones de ciudadanos, especialmente campesinos, víctimas de la hambruna y la represión.
Para Trotski, el estalinismo no fue inevitable. Denunció la barbarie del estalinismo bastante antes que muchos excomunistas reconocieran tales hechos. Trotski fue más lejos con su crítica hacia el estalinismo, a diferencia de mucha gente que solamente se concentró en los aspectos dictatoriales de la URSS.
Trotski mostró que, como resultado de la degeneración de la revolución rusa, el movimiento comunista oficial había dejado de ser revolucionario con su política de colaboración de clases o con su defensa de ‘una vía nacional al socialismo’.
En contraste, Trotski mantuvo la autoemancipación obrera y el internacionalismo en el centro de sus ideas políticas.
Después de la revolución rusa rápidamente empezaron a aparecer partidos comunistas en todo el mundo. La Internacional Comunista se creó para coordinar y organizar estos partidos a escala internacional.
Los primeros cuatro congresos de la nueva internacional, 1919-1922, reflejaban el alto nivel de luchas sociales que se estaba dando en todo el mundo.
Estas luchas y los debates eran una auténtica escuela de estrategias y tácticas revolucionarias: la naturaleza del reformismo y del ultra izquierdismo, el frente único, los sindicatos, la cuestión nacional, las relaciones con el campesinado, el imperialismo, la organización de la insurrección, la naturaleza del estado y de la democracia socialista.
Después de la derrota de la revolución alemana en 1923, la Internacional Comunista estaba cada vez más subordinada al Partido Comunista Ruso y, finalmente a la dictadura de Stalin.
Trotski recordó, una vez tras otra, las lecciones de los cuatro primeros congresos, mientras que los partidos comunistas se convirtieron en simples transmisores de las necesidades de la burocracia soviética.
En 1928, Stalin declaró que el mundo había entrado en una nueva fase revolucionaria (el llamado ‘Tercer Período’). En ese momento, los partidos comunistas adoptaron una política ultra izquierdista que anunciaba una inminente revolución, y declaraba a los partidos socialistas como los principales enemigos de la clase trabajadora, acusándoles de “social fascistas”.
Los terribles efectos de esta política se vieron claramente en Alemania, donde el movimiento obrero más fuerte del mundo fue dividido y fue incapaz de ofrecer una oposición efectiva al nazismo.
Los estalinistas vieron en la victoria de Hitler un síntoma de la crisis del capitalismo, y dijeron: “después de Hitler, nosotros”. En cambio, Trotski, en algunos de sus escritos más contundentes, ya advirtió sobre el auténtico significado de la victoria nazi y defendió la necesidad de crear un Frente Único con todas las organizaciones de los trabajadores para oponerse a los fascistas.
La táctica del Frente Único fue desarrollada por primera vez por la Internacional Comunista en 1921, y fue visto como la manera en que los comunistas trabajan en temas específicos con otras secciones del movimiento obrero, sin tener que renunciar ni a sus ideas ni a su independencia.
En 1935, la Internacional Comunista dio un giro total con la nueva política del Frente Popular. Ahora Stalin buscó una alianza con las democracias occidentales para luchar contra los nazis alemanes y, en consecuencia, la estrategia que hasta ese momento habían utilizado los partidos comunistas tuvo que cambiar.
El Frente Popular era una alianza de todos aquellos que se oponían al fascismo, desde los comunistas hasta los conservadores ‘progresistas’.
El programa del Frente Popular no iría más allá de defender la democracia burguesa, y las organizaciones de la clase trabajadora tendrían que subordinar sus objetivos a los de sus aliados liberales.
La política del frente popular llevaría a la derrota la revolución española de 1936. Los estalinistas argumentaron que la revolución tenía que ser aplastada para ganar el apoyo de las clases medias y de los gobiernos democráticos.
En una serie de cartas y artículos sobre los hechos que ucedieron en España, Trotski, una vez más, usó su gran experiencia como líder revolucionario para analizar la situación política y militar, así como la naturaleza contrarevolucionaria del frente popular estalinista.
También criticó duramente a la izquierda revolucionaria -los anarquistas y el POUM- por no haber tomado el poder.
A pesar de la masiva presión, a la que muchos comunistas sucumbieron, rindiéndose al estalinismo, Trotski se mantuvo firme en su defensa del socialismo revolucionario.
Vivió y analizó algunos de los hechos más importantes del siglo XX. Por encima de todo, Trotski defendió no sólo la necesidad de un partido revolucionario que lidere la lucha para tomar el poder, sino también que este partido, como el de Lenin en Rusia, debería estar basado en la discusión democrática y no en una obediencia ciega, en contraste con los burocratizados partidos comunistas de los años treinta.
Sin embargo, los que apoyaban a Trotski, aun teniendo entrega y coraje, no siempre tuvieron su habilidad política para entender cómo podían cambiar las cosas.
En el momento de su muerte, Trotski estaba convencido de que el capitalismo, al menos en su forma democrática, no sobreviviría a la Segunda Guerra Mundial, y que la única opción era socialismo o barbarie.
Además, siempre creyó que la URSS sucumbiría al fascismo o experimentaría una “revolución política” que serviría para restablecer la democracia obrera. En esta desesperada situación, Trotski organizó una nueva Cuarta Internacional, con la creencia de que con el programa correcto rápidamente ganaría a millones de personas a su lado.
A finales de los años cuarenta debería estar claro que su análisis ya no era válido. El capitalismo, lejos de colapsarse estaba viviendo el mayor período de expansión de su historia, el estalinismo era tan fuerte como siempre y ahora controlaba una cuarta parte del planeta, y la Cuarta Internacional sólo tenía unos pocos seguidores en todo el mundo.
Desafortunadamente, muchos trotskistas continuaron usando el previo análisis de Trotski en una situación muy distinta, y el resultado fue interminables divisiones y en la mayoría de los casos les llevó al completo aislamiento político.
Después de la Segunda Guerra Mundial los marxistas revolucionarios necesitaban explicar porqué el capitalismo se estaba expandiendo, porqué el estalinismo y el reformismo habían resurgido más fuertes que nunca, y, por encima de todo, qué había pasado en la URSS.
Sólo tratando estas cuestiones importantes el auténtico espíritu de la vida y las obras de Trotski podía servir de guía para las nuevas generaciones de
revolucionarios.

por Roberto Barreto
Fue la marcha más grande en la historia de la isla municipio de Vieques. Más de 5000 personas marcharon el pasado 1 de octubre para demandar la salida inmediata de la Marina de Guerra de los Estados Unidos de la isla de Vieques, municipio que tiene la tasa de cáncer más alta en todo Puerto Rico a causa de las practicas militares.
El gobierno hizo todo lo que pudo por boicotear la marcha. En el puerto de Fajardo la Autoridad de los Puertos se negó a enviar lanchas adicionales para que los manifestantes llegaran a Vieques. Más de mil personas que se quedaron sin transporte formaron una gran protesta espontánea por lo que la Fuerza de Choque de la policía fue movilizada.
Las actividades del día tuvieron tres componentes simultaneos que fueron: la marcha, la desobediencia civil y una flota de embarcaciones privadas y de pesca.
La Flota Nacional de 60 embarcaciones salió de diferentes puntos de la costa este asegurando que algunos pudieran llegar a la Marcha a pesar del boicot gubernamental.
En desobediencia civil 79 personas entraron a las facilidades que la Marina reclama como suyas. En mayo 4 de 2000 las autoridades del gobierno federal estadounidenses removieron forzosamente a más de 200 personas y destruyeron los campamentos. Desde entonces más de 700 personas han sido arrestadas por entrar a los terrenos en abierto desafio a la Marina.
El primero de octubre las autoridades habían reforzado la vigilancia en el lado este de la isla. Los desobedientes burlaron a las autoridades entrando a los terrenos que la Marina tiene en el lado oeste. Algunos llegaron hasta el Radar Relocalizable Mas Allá del Horizonte (ROTHER en inglés) que ha sido ampliamente protestado por su uso militar posiblemente contra Colombia. Otros llegaron al club de oficiales y bloquearon la entrada. Un grupo fue arrestado en una carretera cerca de las barracas militares y un último grupo cruzó la base sin ser detectados y llegó a una playa en donde fue rescatados por la Flota Nacional.
Los 70 desobedientes fueron encarcelados junto a otras 10 personas que días antes habían tomado el Fuerte San Cristobal, en San Juan en demanda por la salida de la Marina de Vieques. El San Cristobal es una antigua fortificación española que ahora está administrada por el Servicio de Parques de los Estados Unidos. Cuando los alguaciles intentaron remover a los 10 desobedientes del San Cristobal fueron interceptados por un grupo de personas que se sentaron en la calle y le impidieron el paso. Los alguaciles tuvieron que retroceder y utilizar un helicoptero para sacar a los activistas arrestados.
Las actividades fueron en general un éxito y le dieron nuevo animo a la lucha por Vieques. Una debilidad de la marcha, sin embargo, lo fue el hecho de que su ruta fue alterada para que no llegara a los portones del Campamento García, en donde se llevan a cabo las prácticas militares. Fueron muchas las personas ansiosas de confrontar el odiado campamento. Una de las consignas que más acojida tuvo entre los participantes decía: "Esa verja militar, la tenemos que tumbar."
La oportunidad de confrontar masivamente esa facilidad fue desperdiciada por l@s organizadores. Y lo trágico es que no se han convocado nuevas actividades masivas por Vieques. Es un error sentarse a esperar a ver qué es lo que el nuevo gobierno va a hacer. Es urgente que la lucha por Vieques vuelva a volcarse masivamente sobre las calles. Para ello hay que organizar.

El estudiantado de la UPR en Río Piedras se declaró en huelga indefinida contra las condiciones de abandono en las que se encuentra el Recinto. La decisión se tomó en la Asamblea General de Estudiantes el pasado 1ro de noviembre. Cansados de un mar de promesas rotas de parte de la administración universitaria, los estudiantes prometieron no volver a clases hasta que la Universidad firmase un acuerdo legal comprometiéndose a un plan de mejoras.
Al finalizar la asamblea, más de 500 estudiantes marcharon por el Recinto bajo un feroz aguacero con el propósito de paralizar las clases. Una vez logrado su objetivo, se reunieron en el edificio de la Torre, donde se enteraron que el Rector había cancelado las clases por varios días a manera de cierre patronal para debilitar la huelga. Allí se impartieron instrucciones de estar al otro día (2 de noviembre) desde las 4:00 am en los portones para mantener el paro vivo. Luego se mobilizaron a los portones y comenzaron la huelga cerrando la institución.
Fue notable la ausencia del Presidente del Consejo General de Estudiantes (CGE), Jorge Farinacci, durante la marcha estudiantil. Farinacci se reunía con el Pleno del CGE y desconocían la convocatoria hecha por el estudiantado para el próximo día 2 de noviembre. Los oficiales del CGE, al enterarse del cierre patronal le informaron a la prensa que el estudiantado NO estaría en los portones hasta pasadas las elecciones. De esa manera permitieron que la táctica patronal fuese un éxito.
Al regresar del periodo eleccionario, el CGE convocó a una segunda asamblea para terminar la huelga. Se argumentó que la Universidad había firmado un documento comprometiéndose a cumplir con las demandas estudiantiles. Sin embargo, ese documento, que nunca fue presentado a la asamblea, no tenía caracter legal, ni prometía nada en concreto. El documento presentaba un juego de palabras que al final no obligaba a la institución a nada.
La Organización Socialista Internacional (OSI) presentó parte del documento como evidencia y propuso continuar con el paro hasta lograr un acuerdo sólido con carácter de Negociación Colectiva. Además la OSI sostuvo que el documento del CGE dejaba fuera los reclamos históricos del estudiantado.
La Autonomía Universitaria se deja en el olvido al solicitar la participación de un/a ayudante de la gobernadora en los asuntos universitarios.
La Participación Equitativa de los estudiantes en los foros de decisión de la Universidad no se menciona y en su lugar se propone un comité para negociar los reclamos estudiantiles a puertas cerradas, en lugar de a la luz pública, como lo solicitaban los estudiantes mexicanos en huelga en la UNAM. Además la OSI propuso y fue aprobado que ninguno de los fondos de la Universidad sean utilizados para programas militares como el ROTC.
En la práctica se verá el valor del documento firmado por la UPR. Es lógico suponer que la UPR incumplirá su
palabra como lo ha hecho en el pasado. Entonces la fuerza colectiva del estudiantado será necesaria para forzar a la administración a concedernos nuestros derechos.

El pueblo palestino se ha rebelado. Miles han salido a la calle donde realizan acciones de resistencia que responden a años de opresión bajo el Estado de Israel, que ha sido armado por los Estados Unidos. Su vasto arsenal incluye armas nucleares. Los palestinos en su mayoría están desarmados o armados sólo con piedras. Se tiran a la calle cansados de la injusticia que causa la ocupación de las tierras palestinas por Israel. En represalia los israelitas han cortado la luz en ciudades como Nazareth, y le disparan a los campos de refugiados y bombardean áreas de población civil. El 95% de los heridos y muertos en los enfrentamientos entre palestinos e israelitas son palestinos. La Formación del Estado de Israel
Israel fue un país creado en 1948, en el territorio perteneciente a Palestina. El área que hoy en día ocupa Israel para principios de siglo, luego de la Primera Guerra Mundial era Palestina, una colonia británica. Una minoría de sionistas desde esa época impulsaba la idea de crear un estado exclusivo para los judíos, a pesar de que en este territorio vivían tan solo unos 56,000 judíos y más de un millón de arabes. Para lograr su propósitos, los sionistas empezaron a buscar ayuda de los poderes imperialistas del área, Inglaterra y luego Estados Unidos. Inglaterra empezó a auspiciar y facilitar la migración de los judíos a Palestina en los años 20 y 30, utilizándolos para mantener oprimidos a los palestinos. Algunos judíos tenían privilegios. Estos eran utilizados como agentes coloniales y administradores ayudando a mantener la población palestina bajo control, suprimiendo protestas en contra del poder colonial.
Luego de la Segunda Guerra Mundial los sionistas comenzaron a utilizar la tragedia del Holocausto para presionar la creación de un estado exclusivo para los judíos. En 1947 las Naciones Unidas le dió a los judios el 55% del territorio palestino aunque estos sólo representaban el 31% de la población. En 1948 bandas de paramilitares sionistas se apoderaron de tres cuartas partes del territorio palestino impartiendo terror y expulsando un millón de palestinos.
Los árabes que se quedaron en Israel son tratados hasta nuestros días como ciudadanos de segunda clase y los que tuvieron que huir del país pasaron a vivir en campamentos para refugiados en países vecinos. En 1967 Israel se apoderó de mas tierras en las guerras que libró en contra de Jordania y Egipto, incluyendo la franja de Gaza, la costa Este, las Colinas de Golán y parte del centro histórico de la Palestina antigua. A estas áreas se les empezó a conocer como los Territorios Ocupados.
En Gaza 2,200 colonos judíos se han apoderado de más del 40% del territorio mientras que 700,000 palestinos están confinados al hacinamiento y a la pobreza. Los palestinos le sirven a Israel como un ejército de mano de obra barata, aceptando salarios muy bajos, por malas condiciones de vida y empleo.
Desde su creación, Israel ha sido un satélite de los intereses de los Estados Unidos en el área. A cambio, Estados Unidos le ha dado a Israel unos 84 billones de dólares desde 1974, además de ayuda en todas las ramas militares, conviertiendo a Israel en uno de los países con más armamentos militares en el mundo.
Sin embargo el estado de Israel no ha podido impedir que los palestinos se organicen y luchen en contra de la opresión a la cual están sujetos diariamente. Se han estado organizando contínuamente desde la invasión israelí a pesar de todo el terror y violencia a la cual han sido expuestos. Una de las protestas más importantes fue la Intifada, -palabra árabe para "insurrección"- donde miles de palestinos salieron a las calles a combatir la ocupación israelí haciendo barricadas en las calles, marchando y batiéndose contra los ejércitos de Israel con hondas y piedras. Los palestinos que trabajaban en las ciudades de Israel declararon una huelga general en apoyo a la insurrección. La Intifada forzó a Israel a sentarse a negociar y reconocer ante el mundo la crisis política que azotaba su país. En 1993 la Organización de Liberación Palestina (OLP) e Israel llegaron a los acuerdos de Oslo en 1993. Sin embargo, los procesos de paz hasta ahora han sido puro maquillaje. La OLP administra el 66% de la Franja de Gaza, mientras que los asentamientos de los colonos judíos aumentan en Jerusalem y otros lugares. La OLP se convirtió en el administrador de la Franja de Gaza y abandonó la lucha por: terminar con un estado racista exclusivo para judíos, la devolución de más territorios, garantías para los refugiados, y el control sobre la ciudad de Jerusalem. Esto ha sido visto entre muchos jóvenes palestinos como una traición y la credibilidad de la OLP entre la población palestina que día a día se enfrenta al ejército de Israel es muy poca.
Los últimos episodios de violencia ocurrieron a raíz de que el derechista israelí Ariel Sharon se presentara a una mezquita o lugar sagrado palestino en Al-Sharif a finales de septiembre con un ejército de 1,000 hombres. Esto fue la gota que colmó la copa y miles de palestinos salieron a protestar, cansados de esperar por unas negociaciones que no les ofrecían nada.
Estados Unidos tienen un gran interés en mantener control del área, por la riqueza de sus recursos petroleros. El conflicto lo disfrazan de uno religioso para esconder que es uno de desigualdad social e imperialismo.
La solución para este conflicto no está en manos de la OLP, la ONU o el gobierno de Israel. Sólo hay que ver la historia de la tradición de lucha de la clase trabajadora árabe: en Egipto en 1977 una huelga general de 4 millones de trabajadores casi derrocó al gobierno de Anwar Sadat; en Irán en 1979, fueron los trabajadores, no los integristas de Jomeini, los que derrocaron al régimen del Sha.
La solución es que los trabajadores de Oriente Medio acaben con los regímenes políticos de la zona. Un área llena de recursos y riqueza donde viven miles en condiciones de pobreza. Es necesaria la solidaridad de la clase trabajadora para lograr una revolución que cree un estado donde no exista discriminación por origen étnico. De esta manera la mayoría de las personas podrían vivir en paz.